Seguro que has visto estos términos antes: apego ansioso, apego evitativo, apego seguro. Aparecen en memes, pódcast y consejos de pareja por todas partes. Pero debajo de la versión de internet hay investigación de verdad, y es más útil y más esperanzadora de lo que sugieren la mayoría de las publicaciones.
Esta guía explica qué son los estilos de apego, cómo suele verse cada uno al salir con alguien y en una relación, y cómo usar la idea sin convertirla en una etiqueta.
De dónde viene la teoría del apego
La teoría del apego nació con el trabajo de John Bowlby y Mary Ainsworth, que estudiaron cómo se vinculan los bebés con quienes los cuidan. En 1987, Cindy Hazan y Phillip Shaver aplicaron la idea a los adultos. Pidieron a las personas que eligieran la descripción que mejor encajaba con cómo se sentían y se comportaban en sus relaciones de pareja. Usaron las mismas tres categorías que Ainsworth había encontrado en los bebés: seguro, evitativo y ansioso (a menudo llamado ansioso-ambivalente).
Más tarde, la investigadora Kim Bartholomew describió el apego adulto en dos dimensiones:
- Ansiedad de apego: miedo a que tu pareja te rechace o te deje.
- Evitación de apego: incomodidad con la cercanía y con depender de otros.
Si combinas niveles bajos y altos de cada una, salen cuatro estilos.
Los cuatro estilos de apego
Apego seguro
Ansiedad baja, evitación baja. Las personas seguras suelen sentirse cómodas tanto con la cercanía como con la independencia. En un conflicto tienden a decir lo que piensan, escuchar y reparar. Ejemplo de mensaje: «Ey, lo vi tarde. Ahora no puedo hablar, ¿te llamo a las 8?» Tener un apego seguro no significa no sentirse nunca inseguro. Significa que esos sentimientos pasan sin apoderarse de todo.
Apego ansioso (preocupado)
Ansiedad alta, evitación baja. Las personas con estilo de apego ansioso suelen querer mucha cercanía y mucha tranquilidad, y notan enseguida las señales de distancia. Cuando su pareja se queda callada, el pensamiento «¿habré hecho algo mal?» llega rápido. Pueden escribir varias veces, mirar si se ha leído el mensaje o necesitar hablarlo de inmediato. Su punto fuerte es el cuidado y la atención. El reto es que la preocupación puede sentirse como un hecho.
Apego evitativo (distante)
Ansiedad baja, evitación alta. Las personas evitativas valoran la independencia y suelen sentirse incómodas cuando una relación se vuelve muy estrecha o muy emocional. Pueden retirarse cuando las cosas se intensifican, responder despacio o decir «solo necesito espacio». Normalmente no es que no les importe, sino que se sienten más seguras cuando tienen margen para respirar. El reto es que la distancia puede sentirse como rechazo para su pareja.
Apego temeroso-evitativo (también llamado temeroso)
Ansiedad alta, evitación alta. Las personas de este grupo desean la cercanía y a la vez le tienen miedo. Alguien puede acercarse con cariño un día y alejarse al siguiente, y a menudo confunde tanto a sí mismo como a su pareja. Suele describirse como «ven, no, vete». Puede ser el estilo más difícil de vivir, y también uno en el que las relaciones estables y pacientes, y el apoyo de un terapeuta, pueden ayudar mucho.
Cuando los estilos se encuentran: el círculo de perseguir y distanciarse
Uno de los patrones más conocidos en la investigación de parejas es el de exigir y retirarse: una persona se acerca a la otra para hablar, y la otra se aleja para enfriarse. Cuanto más persigue una, más se retira la otra, y cuanto más se retira la otra, más persigue la primera. Una pareja ansiosa junto a una pareja evitativa puede caer en este círculo con mucha facilidad. Verlo como un patrón en el que participan los dos, y no como la culpa de uno, suele ser el primer paso para cambiarlo.
¿Es fijo tu estilo de apego?
No, y este es el punto más importante. Los investigadores del apego describen la seguridad como algo que puede crecer. Los adultos pueden avanzar hacia un estilo más seguro, a menudo con ayuda de una relación que apoye y sea fiable (una pareja, una amistad o un terapeuta) y entendiendo cómo las experiencias pasadas moldearon sus expectativas. Los estudios que siguen a parejas a lo largo del tiempo también han visto que, cuando una persona se vuelve más segura, la otra tiende a moverse en la misma dirección.
Conviene tener en cuenta algunas salvedades:
- El estilo de apego no es un diagnóstico ni un tipo de personalidad. Describe patrones, y la mayoría de las personas somos una mezcla.
- Tu estilo puede verse distinto con parejas distintas o en etapas distintas de la vida.
- Muchos test de internet están simplificados. Los investigadores miden el apego con cuestionarios como la escala Experiences in Close Relationships, en la que valoras cuánto estás de acuerdo con afirmaciones sobre relaciones. Un test puede iniciar una conversación, pero no puede ponerte una etiqueta.
- Evita «diagnosticar» a tu pareja. Es una forma de entenderte a ti y a tus patrones, no de ganar discusiones.
Cómo usarlo en el día a día
- Si tiendes a lo ansioso: haz una pausa antes de enviar un tercer mensaje. Pregúntate qué necesitas y pídelo directamente. Nuestra guía sobre darle vueltas a todo en una relación tiene pasos para esto.
- Si tiendes a lo evitativo: si necesitas espacio, dilo y da una hora para volver: «Necesito una hora para pensar, ¿hablamos a las 8?» Esa frase tan pequeña os protege a los dos.
- Si tu apego es seguro: ten paciencia. Tu estabilidad ayuda a una pareja ansiosa o evitativa, pero tú también tienes derecho a tener necesidades y límites.
- Si tu apego es temeroso-evitativo: ve despacio, fíjate en ese tira y afloja y considera el apoyo de un terapeuta con formación en trabajo de apego.
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Este artículo es información general, no terapia ni consejo médico.
Fuentes
- Libro de texto abierto, Lifespan Human Development (Baylor University Libraries): El apego en la edad adulta
- Hazan, C. & Shaver, P. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology.
- Bartholomew, K. (1990). Avoidance of intimacy: An attachment perspective. Journal of Social and Personal Relationships.